Liderazgo Inteligente: Estrategias para establecer una clara dirección

En mi experiencia personal he podido ser testigo de esta verdad, en los momentos en los cuales tuve referentes que sabían hacia donde se dirigían, podía caminar con confianza y desempeñarme mucho mejor que el promedio, en los casos contrarios, me frustraba, me invadía el sentimiento de derrota e impotencia, ya que perdía y no sabía que podía hacer para cambiarlo.

Cuando un líder puede ser capaz de dibujar y pintar en las mentes del equipo una clara visión y un horizonte lleno de esperanza, todo fluye. Por lo cual un gran líder debe, efectivamente, proporcionar una dirección a su equipo y organización.

Cuando me toco tener personas a mi cargo y guiarlas he vivido en carne propia esta verdad, en las oportunidades en las cuales pude aportar una visión atractiva y clara del destino al cual nos dirigíamos, las personas daban los mejor de ellas, el entusiasmo crecía y la atmósfera de trabajo era estimulante. Las veces donde quise pasar por encima este principio la desilusión apareció, la frustración e incomodidad era moneda corriente y la confusión estimulo sensaciones de impotencia y resentimientos. Cuando no hay dirección todos naufragamos, y la dirección es responsabilidad del líder.

Luego de establecer estos parámetros quiero que veamos 3 cosas a tener en cuenta para aplicar una buena dirección

Tener en claro hacia dónde va.

No le podes dar a un blanco que no ves. Antes que nada, lo primero que se debe hacer es tomar nota de la situación de partida. Recopilar los datos del entorno, del equipo en el cual está involucrado y reflexionar sobre el objetivo general que se está planteando. De esta manera se podrá pasar al paso siguiente de la manera más saludable.

Definir nuestro destino no solamente nos dice lo que hacemos, sino que también, y no menos importante, nos determina que «NO» hacemos, ya que uno de los errores en los cuales podemos caer es ampliar nuestro rumbo de tal manera que terminemos perdiendo el enfoque, o que por ampliar nuestra meta o hacerla muy general, esta termine siendo irrealizable en la práctica.

En definitiva clarificar nuestro objetivo general nos permite establecer los limites necesarios para poder encausar de forma efectiva el paso siguiente.

Establecer pocos objetivos

Es importante aclarar la siguiente verdad, a la hora de imprimir en las mentes de los miembros de un equipo objetivos específicos, “Menos es más”. Ninguno de nosotros puede retener más de 3 o 4 objetivos durante largos periodos de tiempo, y uno de los clásicos errores es darles en una hoja, planilla o charla una serie de 10 o 20 objetivos a lograr, ya que a la semana como mucho nos acordamos de 2 o 3 y, si no los podemos recordar es mucho más difícil que realicemos las tareas necesarias para tratar de cumplirlos, por lo cual reducir el enfoque es una de las practicas más saludables que he aprendido a la hora de establecer objetivos colectivos. Por otro lado, no deben ser volátiles, es decir, que estos dependan de la emocionalidad y las ocurrencias de turno que el líder tenga. Cuando los objetivos cambian sistemáticamente la incertidumbre comienza a hacerse presente y la atmosfera del equipo comienza a deteriorarse.

Estos deben ser cortos, medibles y cuantificables. El equipo tiene que ser capaz de poder notar el grado de avance de los mismos y realizar las correcciones pertinentes al momento de detectarlos.

Marcar pasos a seguir en el trayecto hacia los objetivos planteados

Saber a dónde vamos no alcanza, necesitamos un plan de acción realista que nos permita alcanzar los objetivos planteados.

Andy Stanley es un pastor estadounidense que escribió un libro de prácticas de liderazgo, en una de ellas la marca la importancia de este punto. El escribe:

Cuando “piensa en pasos” hay una diferencia fundamental en su perspectiva. Ahora el objetivo principal no es cumplir con las necesidades de alguien, sino ayudar a alguien a llegar a donde necesita ir.  Vea como el mismo diccionario define un paso: “Una serie de acciones, procesos o medidas tomadas para lograr un objetivo”. Un paso en una parte de una serie de acciones que sistemáticamente llevan a una persona a algún lugar.

La formulación de pasos para el desarrollo de los objetivos, es una de las practicas más saludables y pragmáticas a la hora de lograr la comprensión colectiva del avance y las limitaciones que surjan en los mismos. Esto no solo le da fluidez al desarrollo de la dirección del proyecto, sino que le aporta al equipo la flexibilidad necesaria para corregir y aprender en plazos más cortos. No llegan más lejos los que saben más, sino aquellos que aprenden más rápido.

Una vez que se logre una clara mirada de la dirección y un plan realista y práctico para llegar allí, hay un gran porcentaje del trabajo realizado. El resto es manos a la obra, corrección y sobretodo, aprender.



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