El aburrimiento y la creatividad en las grandes urbes

Cada nuevo avance tecnológico parece echarle leña al fuego de la ilusión de control total sobre nuestro entorno y sobre nosotros mismos. Un pequeño aparato de pantalla táctil dispone de la totalidad de nuestra existencia: nuestra red de contactos, nuestros recuerdos y pensamientos, el registro de nuestra actividad, acceso instantáneo a la información mundial, a la vida de los otros, al clima, al trabajo, ¡a todo lo habido y por haber!

Hasta que un día, sin previo aviso, se apaga la luz, se agota la batería, se oscurecen las pantallas y la vista vuelve a posarse sobre nuestro entorno… ¡Es más! Vuelve a haber silencio y tenemos la posibilidad de escuchar o intuir nuestros pensamientos. Más de uno buscará soluciones inmediatas y hasta irracionales para conseguir que vuelva la luz, aunque la idea es imaginar que esto no es factible.

Ergo, no hay luz. ¡Para algunos sería terrible! Empezaría el aburrimiento, el peor de los males (sin contar la muerte, cuya condición es de tabú), porque la vida es hoy, es ya, es ahora, y no puede ser que estemos aburridos, sin postear nada, sin informarnos sobre cualquier cosa, sin ver en vivo cómo ocurren hechos intrascendentes pero que están en boca de todos, sin…

¿Qué pasa si le damos una vuelta de tuerca a esta situación estremecedora? ¿Qué pasa si en vez de fumigar al aburrimiento le permitimos que pase a nuestra casa y se siente a nuestro lado?

La creatividad tiene que ver más con un productor que con un consumidor. Cuando creamos, generamos algo nuevo, aportamos algo distinto. Por más que nada nuevo se esconda bajo el sol, al crear partimos de nuestra base de conocimiento del mundo. Así que, señores, golpe de martillo y sentencia: es algo nuevo.

Nuestra mente juega a desarmar y reconstruir con modificaciones, con alteraciones en las estructuras, cambio de significados, de funciones, de conceptos. Esto es saludable, porque necesitamos la frescura de este juego. Lo necesitamos desde pequeños, cuando a cualquier niño le surge con espontaneidad jugar, crear, aprender (o inventar) un idioma y modificarlo, divertirse al ver a los adultos horrorizados por escuchar algo en un momento inconveniente para las convenciones sociales.

No se trata de ser ingenuo: uno forma parte del sistema y pretender romperlo sería una epopeya (no digo un imposible). Tampoco se trata de ir en contra de la sociedad. Me refiero a cuestiones más simples: cambiar la forma en la que nos bañamos (empezar al revés, por ejemplo); dirigirnos al lugar de costumbre tomando otras calles, o por la vereda de enfrente; darle una oportunidad a lo que le habíamos cerrado la puerta; averiguar el final de una historia antes de empezar a conocerla; caminar con los ojos cerrados; desplantar un árbol y borrar un libro.

Leé también en nuestra web: “Ideas 101 – Construyendo hábitos creativos”

Lo positivo de dejar entrar al aburrimiento, permitirnos sentirlo, es que será liberador advertir que siempre hay salida. Se puede ser su anfitrión, aceptarlo y dejar que nada ocurra, porque no hay gratificación en la exigencia de la creatividad. Pero también se puede activar nuestra creatividad sin necesidad de conectarnos a Internet o sintonizar canales en HD. La sola herramienta del lenguaje es ampliamente superadora a cualquier tecnología.

La creatividad es algo inherente al hombre, porque viene con nosotros desde nuestra infancia; desde que nos imaginamos volando con una toalla sobre los hombros; desde que vimos formas en la oscuridad de nuestros cuartos; desde que inventamos reglas convenientes para jugar con otros niños y salir victoriosos; ¡desde siempre!

Y sí, algunas personas son más creativas que otras, más ocurrentes, habilidosas, ingeniosas. No obstante, que algo nos resulte más difícil que a otros no implica que debamos renunciar a intentarlo. Justamente, en muchas personas hay una inhibición de su capacidad creativa porque piensan que no lo harán bien, que no podrán, que no es para cualquiera. Muchos no esto y no lo otro…

Creo que la creatividad debe activarse en pos de un bienestar, de despejar nuestras mentes cuando estamos estresados o preocupados por algo, cuando sentimos que nos enroscamos con pensamientos que nos acorralan, cuando nos aburrimos y no queremos que así sea.

¿Qué importa qué tan geniales o tan poco ingeniosos seamos al crear? En definitiva, es nuestra creación, nuestro momento, nuestra vuelta de tuerca. Quizás en otro rincón del mundo haya otra persona llegando a la misma conclusión, desarmando y armando algo de la misma manera, logrando que un objeto cambie su función con el mismo fin innovador. Sin embargo, conocemos el mundo desde nuestra perspectiva y para nosotros ese acto creativo será gratificante de todas formas.

¿Conclusión? Por mi parte, unas cuántas. Ahora bien, la pregunta se enriquece si pasa del lado del lector: ¿cuál es tu propia conclusión? Sea cual fuere, será producto de tu creatividad.

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pablo-mariosaPablo Mariosa
Psicólogo, escritor y músico argentino
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1 Comentario

  1. Muy buen artículo. Está bueno salirse de las rutinas. Encontrar diferentes formas de realizar actos que inevitablemente tenemos que repetir. En épocas donde cada vez hay más avances tecnólogicos, uno termina dándose cuenta de que esas cosas simples lo entretienen o sacan lo mejor de sí, recién cuando hay apagones, o cuando está de vacaciones desconectado.
    De hecho a veces no recuerdo cómo era la vida antes de la internet. Y cómo lo sería hoy sin ella!!

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